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La empatía como herramienta en la mediación

Cuando el conflicto está servido nos posicionamos en nuestra verdad como única e inamovible, al igual que la otra parte, considerando que ceder es perder y que solo existen dos opciones: la suya o la nuestra.

Ante esa disyuntiva, preferimos que sea un tercero el que decida, en vez de situarnos en el lugar del otro y estimar que su verdad para él es tan válida como la nuestra para nosotros, y que existen más opciones que seguramente no hemos barajado, precisamente por no haber intentando entender nuestras diferentes postura y el por qué de las mismas.

Esa “capacidad de una persona para ponerse en las circunstancias de otra”, es la empatía. Según Rojas Marcos, “tener empatía es el mejor antídoto contra la violencia”.

Las personas con mayor empatía tienen muchas más probabilidades de ser felices, porque al final, como seres sociales, se trata de eso, ya que la empatía consiste en “comprender a la gente con la mente y con el corazón” y esto, evidentemente, nos lleva a ser más tolerantes y no sentirnos continuamente agraviados por actitudes que no entendemos.

En el ámbito de la mediación, la empatía es tanto una poderosa herramienta o técnica denominada usualmente, “ponerse en los zapatos del otro”, como una de las cualidades importantes en el mediador. Una persona empática es una especie de médium, de vidente que, en lugar de ver el futuro, se especializa en ver el interior de las personas. Cuando se está ante alguien así, a veces sobran las palabras de tan cristalina que es la comunicación.

Percibir lo que otros sienten sin decirlo es la esencia de la empatía. ¿Y por qué es tan importante la empatía? pues porque generalmente las personas afectadas por un problema no encuentran consuelo en palabras de ánimo que le quiten importancia a lo que les está afectando, sino más bien en que alguien entienda lo que les está pasando, que les escuchen y que le dejen hablar.

Pues en mediación, ocurre lo mismo, porque el hecho de que las partes envueltas en un conflicto se sientan escuchadas y legitimadas en sus razones, aunque no sean compartidas, les ayuda a considerar sus posiciones en la búsqueda del interés común. El mediador ha de percibir lo que sienten las partes y hacer que lo perciban entre ellos como unos de los pasos importantes para resolver el conflicto.

Partiendo de que los primatólogos parecen estar cada vez más de acuerdo en que, si bien los humanos tienen un lado competitivo, valores como la bondad, la solidaridad y la empatía forman parte intrínseca de la naturaleza humana, mantengamos ese optimismo, como subraya Rojas Marcos en uno de sus libros, y trabajemos esa empatía, no solo en el proceso de mediación, sino en nuestra propia vida como un camino.

Elisa Santiago Blázquez
Abogada y experta en mediación

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